Entonces, aprendimos que:
- La felicidad es demasiado efímera. Pasa rápido por al lado tuyo, te saca la lengua burlonamente y se va.
- Jamás se pierde el don de somatizar. Uno la pasa mal y se agarra enfermedades y/o malestares de todo tipo. Ejemplo: amigdalitis. Nunca tuve amigdalitis ni tantos días de fiebre.
- A propósito de la viñeta de arriba, más allá de que el malestar físico se deba a uno espiritual, hay cosas para rescatar. Se puede dormir bastante, lo que quiere decir que uno puede dejar de pensar por un rato ( a menos que se tengan sueños hirientes, pero bueno, no se puede todo en la vida).
- Hay que desterrar los momentos enfermos. Los amores no correspondidos también.
- Nunca, jamás dejar de reírse de las cosas idiotas, tristes, molestas y angustiantes que a uno le suceden porque siempre lo ameritan.
- Los procesos para tratar de sacarse los recuerdos de la mente y el alma no sirven. Sí, una pena, por eso hay que inventar cosas nuevas para dejar de pensar constantemente en las cosas que fueron, que no fueron y que jamás van a ser. Por lo menos no como usted quiere.
- Los laboratorios son crueles. ¿Cómo es posible que confeccionen pastillas tan enormes cuando uno tiene las amígdalas inflamadísimas?. No jodamos.
- Respirar hondo. De esa manera se desata (un poco, pero algo es algo) el nudo del pecho.
- No mirar el reloj. Menos darle importancia al calendario.
- Evitar las canciones hirientes. Aunque, seamos sinceros, es necesario escuchar esa lista de temas para sacar todo lo que uno tiene adentro, explotar y seguir de nuevo. Pero ojo, no se exceda, puede pasar de catarsis a fin del mundo.
- Las listas vuelven en estas ocasiones, es notable.

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